Deseo.

¿Te ha pasado que estás en el festejo de tu cumpleaños, todos cantan Las Mañanitas, y tú sólo pones una sonrisa de nervios pensando confundido: no sé si también cantar, o sólo seguir sonriendo, o qué hacer, si ver hacia el horizonte mientras todos cantan, o mirar a alguien en específico? Y justo cuando ese extraño momento termina y sientes un poco de alivio con los aplausos de todos, viene el esperado momento de apagar la vela del pastel, donde todos te presionan con un «¡Anda, pide un deseo!». No sé a ti, pero a mí la mente siempre se me pone en blanco, y decido soplar la vela rápidamente para finalmente pasar a comer lo antes posible.

Hoy sentí unas enormes ganas de retomar aquellas velas perdidas, acumularlas, y pedir fervientemente un deseo, sólo uno, aunque bastante complejo y elaborado. Aproveché mi plan del día para hacerlo, y a través de 3 horas de ascenso hacia la cumbre del Cerro La Campana pude desmenuzar aquella petición que traía en la cabeza. Después de 6 kilómetros recorridos, 1920 metros más cerca del cielo y más lejos del ajetreo terrenal, la síntesis de mi deseo fue el siguiente:

Quiero ser una mujer libre. Mujer. Y si piensas que estoy en una hermosa casa con vista al mar, que no tengo absolutamente ningún compromiso ni hoy, ni mañana, ni el resto de la semana; que nadie me espera en casa, que si quiero puedo desayunar con un whisky en mano o comer cereal con leche como platillo principal en la comida, que elijo mis propias reglas en este espacio… ¡Qué demandante soy! ¿Eso no me basta para sentirme libre?

Pues no… Me refiero a que soy un individuo que interactúa en una sociedad; una sociedad que a través del tiempo ha impuesto ideas, moralismos, generalidades, y que algunos de ellos me van perfectamente bien, como la puntualidad para respetar el tiempo del otro, o los saludos hacia los demás para evitar la indiferencia social. Pero también hay otros que no me terminan de convencer, se relacionan con mi género y la interacción con el opuesto, y siento que al no seguirlos soy juzgada en mi actuar. Es ahí donde ya no me siento tan libre.

Deseo poder usar la ropa que me venga en gana sin ser sabroseada por él, y sin ser criticada por ella. Sin ser la del culo rico, sin ser la que anda provocando a la gente. Deseo que entiendas que uso pantalón corto cuando tengo calor, que no uso brassiere porque soy muy plana para necesitarlo, que el mercado de ropa deportiva se ha limitado a ofrecer leggings ajustados y por eso los uso para mis actividades deportivas.

Deseo poder actuar sin quebrarme demasiado la cabeza. Si te digo que quiero bailar contigo, es porque sólo quiero bailar; si te pido que me lleves a escalar, no busco más que aprender y sentir la belleza de la roca, no te quiero ligar, y tranquila mujer, que tampoco me interesa robarme a tu pareja. Sólo quiero bailar, sólo quiero escalar, sólo quiero salir a correr por la mañana, sólo quiero compartir una cerveza, y después irme a casa sin nada sexual de por medio.

Deseo tener amigos sin dobles intenciones. La genética, o qué sé yo, me hizo una chica con gustos «de chicos». No soy fan de las comedias románticas, en realidad casi ni me gusta ir al cine, pues prefiero ver películas documentales en la comodidad de mi casa; tengo 3 pares de zapatos y cambios de ropa para 10 días, y si tuviera que adquirir más ropa, sin duda sería deportiva; odio ir de compras, me estresa tener que buscarme un pantalón o tenis nuevos, y seguramente me compraré los que ya tenía antes; prefiero tomar una cerveza, un mezcal o un pulque en lugar de un café para acompañar alguna plática; aunque ahora le estoy dando una oportunidad al yoga y meditación, francamente lo mío lo mío es ir a clases de boxeo, correr por la mañana y buscarme moretones y raspones en algún deporte en la montaña; no sé hablar de maquillaje y peinados porque no los uso, y tampoco me sale eso de escuchar baladas porque me mueve más el esqueleto el rock. Mi contexto familiar me hizo una persona alburera, de hábitos alimenticios toscos, de modales locos y un tanto cavernícolas (¡Y me encanta, gracias familia!). Yo sé que no tod@s son así, que son generalidades y estereotipos de género, pero justamente eso hace que estadísticamente estas características de mi ser me traigan más amigos varones, que mujeres. Muchos jueves fui la única chica en el muro, muchas clases fui la única boxeadora, muchos fines fui la única morra que iba al cerro, muchas tardes fui la única novia que fue a ver el fútbol con los cuates, muchos bares fui la única que se quedó a una cerveza más, muchos partidos de basquetbol fui la novia que se quedaba a las micheladas de festejo, muchas pláticas fui la única opinión femenina del tema en el grupo; he vivido rodeada de hombres mucho tiempo. Algunas veces me funciona, y otras tantas todo se malinterpreta.

Ir por un trago, bailar música tropical, escribirle un sábado por la tarde para hacer algún plan, pasar un rato en su departamento platicando de todo y nada, compartir tiempo en altas horas de la noche, acompañarle a algún evento social, compartir chistes y mensajes por celular… Si fuera con una mujer, parece normal y una linda amistad, pero si es con un hombre, suena a ligue, ¿Cierto? Mismas acciones, mismos escenarios, sólo diferente género. ¿Entonces estoy obligada a tener sólo amigAs, porque si no, ando dando a entender otras cosas? Hace semanas vi un Meme que decía «No soy puta, sólo soy buena onda»; me detuve unos segundos, la verdad es que me movió el corazón y luego lo olvidé, pero hoy este chiste de mal gusto sale de mi cajón de recuerdos y aplica perfecto para mi deseo.

Así que, deseo un mundo menos complicado y más literal entre géneros, con menos suposiciones y explicaciones, con más respeto y comprensión. Me niego a ser un pedazo de carne ante los hombres, a ser la chica «buena onda» que anda dando alas, a ser el trofeo de otra persona. No soy más que una joven mujer que quiere disfrutar de este mundo de todas las maneras posibles. Tal vez pido demasiado, pues implica las interpretaciones y valores de cada individuo con el que interactúo, pero hoy, en esta cumbre, soplo con fuerza para pedir ese deseo y lanzarlo al universo.

Deseo que el mundo me entienda más, y deseo también tener humildad y sabiduría para poder entenderlo yo a él. Deseo no dañar a mis cercanos con mi forma de ver el mundo, con mi falta de concordancia con ciertas reglas sociales, y deseo que tampoco salga lastimada en mi intento de cuestionar aquellas reglas. Deseo poseer la congruencia necesaria en mis acciones para hacer realidad este deseo.

El corazón me latía fuerte ante aquel anhelo, cuando frente a mí se apareció un zorro. Se quedó parado viéndome, y yo lo miré fijamente a él; le ofrecí comida, pero no la quiso, sólo nos hicimos compañía unos segundos y en silencio le entregué mi deseo. Me permitió tomarle una foto para captar ese momento, y después partió hacia donde sea que fuera, llevándose mi petición con él.

Hoy no es mi cumpleaños, pero imagino el pastel y el canto incómodo, espero a que vengan los aplausos para proceder al momento para el que finalmente me siento lista, para apagar la vela, para pedir mi deseo…

K.

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