Desde niña veía con admiración las cintas en la videocasetera de los documentales que se hacen de las místicas tierras africanas, donde se hablaba de las fieras que dominan la sabana, de los peligrosos insectos y serpientes responsables de tantas muertes humanas, de las culturas nativas que usan extravagantes atuendos y tienen poco contacto con el mundo moderno. ¡Qué inalcanzables se veían aquellas imágenes! Y conforme fui creciendo, el sueño se vio cada vez más lejano al encontrar en internet los costosos vuelos y viajes organizados por el continente. ¿Ir a África yo? Si ni siquiera me he subido a un avión en mi vida -pensaba yo a mis 20 años.
Pues resulta ser que la vida da muchas vueltas, y por una cosa u otra ya tengo un año entero en este lado del mundo, donde he logrado formar ahora mi propia imagen de lo que es África. Las expectativas han sido sustituidas por una realidad muy diferente, en ciertas cosas de forma positiva, en otras todo lo contrario. No es como lo representan las películas, no es como lo pintan en los documentales, tampoco es lo que nos muestran los anuncios lastimosos de ONG’s que recaudan fondos para apoyar a países africanos… Es más alegre, pero a la vez hostil y duro; es playas azul celeste, bosques impenetrables y sabanas eternas; no es tan pobre como lo creía, pero la vida tampoco es fácil; es ropa multicolor, cerveza tibia, maíz insípido y sin duda los mejores aguacates del mundo (¡y eso que soy de México!).
Lo que me encanta.
~ ¿Alguna vez has visto a un hombre adulto usando un gorro para el frío de Hello Kitty? Yo sí. Y nadie lo tacha de ridículo u homosexual. Aquí las mujeres usan playeras que no les resaltan la cintura porque son de hombre, y los varones usan ropas rosas y floreadas. No hay código de vestimenta, y he visto las combinaciones más locas de mi vida. ¡Es un deleite para el ojo confundirse con una blusa de rayas, combinada con una falda floreada y un chal lleno de grecas!
~ Yo sólo había visto leones, cebras, elefantes, leopardos, jirafas, rinocerontes y otros animales más en uno de mis íconos de la infancia, «El Rey León«, o en zoológicos. Aquí los he visto libres, desde la ventana de mi tren hacia Nairobi, camino a un bar en pleno sábado de fiesta, en santa paz y plena libertad. ¡Soy ahora más fanática de la naturaleza con la biodiversidad de acá!

~ La ausencia de franquicias y productos extranjeros hace que la comida sea totalmente auténtica y local, además de que es más saludable. Aquí es difícil encontrar galletas, frituras y todas esas golosinas que abundan de donde yo vengo; si se te antoja algo dulce, te comes unos mangos, y si quieres algo salado tienes papas fritas del vecino. Esto hace que haya menos basura (menos, mas no es nula), que apoyes al flujo de efectivo en la economía local y que no veas gente obesa ni enferma.
~ A pesar de vivir en la era de la información, donde el internet ha venido a transformar el funcionamiento social y la tecnología ha hecho de este mundo moderno cada vez más cambiante, se encuentran grupos étnicos que siguen con las mismas tradiciones desde siglos atrás; siguen creyendo en dioses relacionados con la naturaleza, no usan un calendario por lo que muchos no saben ni su edad, usan vestimentas de pieles de animales y ornamentos de plumas y conchas, andan descalzos y medio desnudos todo el tiempo, conservan sus lenguas y alimentación locales. Es algo que en todo Latinoamérica ví casi perdido hace años, pues la colonización española logró imponer el catolicismo, sacar nuestras lenguas indígenas y vestirnos a todos de jeans y zapatos, y aquí a pesar de tanta ocupación extranjera incluso hasta hace pocos 60 años, hay centenares de etnias distribuídas por el continente entero. A veces me he dado por vencida al querer aprender un saludo en el lenguaje local, pues es diferente cada 150 kilómetros. Admiro enormemente esta riqueza y variedad cultural, y que aunque ves a algunos nativos con su celular colgando de un listón en su cuello, eso no les quita todas las tradiciones y conocimientos que traen consigo; ellos también tienen derecho a usar los avances tecnológicos a su favor, y no por eso se han dado por vencidos en conservar tanta cultura y sabiduría milenaria.

Lo que no disfruto.
~ Lo diferente que me siento aquí, y cómo me lo expresan los locales. La palabra «muzungu» es usada para señalar al hombre blanco, y aunque no significa nada malo, simplemente que eres una persona blanca, me hace sentir diferente. Prefiero que me digan «sister» (hermana), o «rafiki» (amiga), pero al ser «muzungu» me siento distinta. Además, sólo por el color de mi piel me han dado incontables veces precios más caros, creen que no como frijoles -si supieran que los estadounidenses a nosotros nos dicen «beaners» (frijoleros)- y he tenido en repetidas ocasiones el comentario de que por ser «muzungu» soy rica y tengo demasiado dinero. ¿Estoy mal, o de cierta forma ellos son los que están siendo racistas? Éste es un largo tema que requiere un nuevo escrito en este blog.

~ Relacionado con el tema del «muzungu», esta errónea concepción se presta a que casi todos los días tengo que lidiar con que alguien me pida dinero, comida, los zapatos que traigo puestos en el momento, mi ropa… Otro tópico que requiere educación y profundidad, pues es un arduo trabajo de ambos lados, y me pone a reflexionar en la labor de las organizaciones que vienen a «ayudar» a estos rumbos. Un buen amigo lo supo poner bien en pocas palabras: La narrativa Hollywoodense, donde el hombre blanco viene a salvar al mundo de sus problemas, y les dice a los demás lo que tiene que hacer y cómo lo debe hacer. Que me perdonen los que se puedan ofender con este tema, pero he visto con mis propios ojos decenas de locales que dejan comida en su plato que va a terminar en la basura, que dejan cervezas a medias que irán al caño, lluvias torrenciales que son agua perfectamente bebible y se va al desagüe. Recursos hay, educación es la que falta, y mientras ése sea el caso, no me apetece regalar mis cosas, que además me han costado mi propio esfuerzo conseguir.
~ Lo más difícil para mí ha sido no entrometerme en el concepto que se tiene de la mujer aquí. Pensé que en México éramos un tanto machistas, pero aquí nos llevan de calle. Las mujeres son prácticamente esclavas del hogar, o prostitutas, pues tienen poca voz y voto a nivel social. Veo los bares llenos de hombres relajándose y contratando a alguna chica para acostarse esa noche por ridículamente minúsculas cantidades de dinero. Veo las calles llenas de jóvenes chicas con bebés en brazos trabajando para sacar adelante a su familia, que en muchos casos han sido abandonadas por el padre biológico de los niños. En broma, hombres me han querido intercambiar por sus esposas, lo cual me tomaría con tal vez una pizca de gracia si al menos me lo preguntaran a mí directamente, pero como si fuera mercancía, se lo dicen a mi acompañante, como si fuera un negocio entre hombres.
Lo que no entiendo.
~ Estando a 32° y encerrados en un autobús con unas 50 personas dentro, he visto a personas usando chaqueta y gorro de lana. ¡¿Es en serio?! Yo estoy sudando la gota gorda, deseando quitarme hasta los calzones, ¿Y los locales tienen frío? Que alguien me reajuste el termostato.
~ La monotonía y poca creatividad en la cocina africana, pues tienen bastantes ingredientes disponibles, y tierras fértiles para cosechar prácticamente lo que se les venga en gana, pero aún así en al menos cuatro países se come siempre lo mismo: desayuno de té con pan frito (duro como piedra e insípido), almuerzo de arroz o una masa tipo tamal (pero sin nada de sabor) acompañado de acelgas amargas, frijoles y un guiso de carne, y de cena lo mismo que el almuerzo, o tal vez unas papas fritas. De ahí en más hay ligeras variantes, como papas con huevo, o banderillas de carne, o sopas de res, o en el mejor escenario una ensaladita para acompañar. Sano, como dije antes, pero creo que se podrían lograr cosas mucho más deliciosas y variadas con la misma materia prima, pero a la gente no parece interesarle y llena sus barrigas con exactamente lo mismo los 365 días del año.

~ ¡Qué habilidad tienen las mujeres de cargar cosas en la cabeza! Desde un solitario sartén que recién compraron en el mercado, hasta un enorme bulto de leña para cocinar una semana entera. ¿Cómo le hacen? No sé. He descubierto su secretito de usar una tela enrollada entre su cabeza y la mercancía cargada, para amortiguar la molestia del peso en el cráneo, pero aún así me parece sorprendente cómo van con enormes baldes de agua por kilómetros, y además con una sonrisa en la cara. ¡Mis respetos!
~ Si piensas que los esculturales cuerpos que vemos de la raza negra en los Juegos Olímpicos es digno sólo de aquellos que se ejercitan a diario, estás equivocado. Benditos genes africanos, que hacen de las calles unas pasarelas de cinturitas adornadas con grandes y firmes pechos y perfectos glúteos, además de pectorales bien marcados y brazos en los que cualquier mujer se derretiría. Mi comentario más superficial y cavernícola de este escrito, pero ¡Qué cuerpazos se cargan los locales! Y me da un poco de envidia saber que ni corren por las mañanas, ni levantan pesas, ni hacen dieta especial para ello; son así nomás porque su ADN lo quiso.

~ Finalmente, cierro con el tema más tediado y que menos me gusta: el mentado Covid-19. De verdad que estoy abierta a que alguien me explique, pero ¿Por qué aquí a la gente le importa un reverendo cacahuate, y no pasa nada? Llevo más de un año sin usar mascarilla, sin hacer sana distancia, sin desinfectarme las manos como neurótica cada 5 minutos, sin vacunarme… Y nadie lo ha hecho tampoco. Y nadie se enferma. Y nadie se muere. Y nadie habla de eso. No le ha pasado ni al primo del amigo, ni ves los hospitales atiborrados de gente con «neumonía atípica». ¡Vaya! Que la gente ni habla de eso, mas que para invitarte a que te vayas a vivir a su país porque aquí no hay Coronavirus. Las fronteras están abiertas, llegan vuelos de todos lados, los lugares públicos están «hasta su madre» de gente, y pues nada… Dice mi gente en México que cómo está la situación acá que porque en las noticias dicen que hay muchos contagios por el ómicron, y yo ni enterada, porque no veo que pase nada. ¿Los noticieros están reportando de verdad lo que pasa en África, o estoy viviendo en un mundo paralelo donde todo eso es una total mentira?
África, eres muy peculiarmente genial, eres mi amor tóxico y apache, a veces te aborrezco y otras te adoro… Veamos cómo me tratas en esta nueva vuelta al sol.
K.