Relaciones a través de las redes ¿Sociales?

Hace un par de años, en mi aventura mochilera por Sudamérica, me quedó muy grabada la expresión combinada de burla y decepción del dueño de uno de los hostales en los que me hospedé en las azules playas de Florianópolis, Brasil. Con su singular acento argentino supo poner en pocas palabras aquello que yo no había logrado explicar sobre lo que había observado entre la gente, en ya más de dos años de viaje:

Llevo más de 20 años en este negocio; hasta hace poco llegaban los huéspedes preguntando con emoción dónde estaba la playa más cercana, ahora llegan ansiosos preguntando cuál es la clave del Wifi.

Esta escena vuelve a mi cabeza el día de hoy, cuando al subirme al metro en la ciudad de Manila, Filipinas, uno de los supervisores me dijo que durante el trayecto tenía prohibido hablar con la gente.

Desde hace más de seis meses el mundo está de cabeza por un bichito que vino a truncar planes, reordenar prioridades, rediseñar las reglas de convivencia. Entiendo que los gobiernos hacen lo que pueden por contener esta pandemia, aunque francamente a veces tengo mis dudas sobre este afán de meternos miedo y encerrarnos a todos para mantenernos «vivos», pues sí nos mantienen sanos físicamente, pero mentalmente puedo decir que, al menos en lo personal, jamás me había sentido tan enferma. Ya limitan nuestras salidas a la calle con toques de queda y agendas semanales, la cantidad de personas con las que convivimos debe ser selecta, y ahora también resulta ser que no puedo dirigirle la palabra ni a mi pareja mientras me muevo en el metro.

ASÍ MARCADOS LOS LUGARES EN LOS TRENES DEL METRO EN MANILA

A pesar de que mi edad me agrupa en la famosa generación de los millennials, francamente siempre me he considerado de la vieja escuela y todavía me cuesta trabajo adaptarme a algunos aspectos de la nueva dinámica social que el internet y la tecnología han traído a nuestras vidas. Abriendo una ventanita de mi vida personal, comparto abiertamente que llegué a tener discusiones con amigos que miraban a su teléfono mientras compartíamos un café, y también confieso que una de las cosas que más disfrutaba de mi familia era escuchar cómo mis tíos contaban fabulosos chistes de su propio ingenio, y ahora se han convertido en reuniones que se rigen con frases como: «¿Ya viste el chiste que te mandé por WhatsApp?»; si supieran que me encanta más cuando me hacen reír ellos en persona, que leer una imagen viral de internet…

No sé, llámenme anticuada, amargada, estancada, e incluso incongruente porque en estos momentos estoy usando precisamente una red social para difundir este pensamiento escrito, pero lo que realmente quisiera explicar es que me parece que hay una diferencia entre usar la web como una herramienta muy útil, que a mí misma me ha sacado de muchísimos apuros, a que se convierta en algo tan esencial en tu vida cotidiana, que incluso revisar tu teléfono es lo primero que haces en cuanto despiertas y justo lo último que hiciste al finalizar tu día.

¿Te ha pasado?

La gente ya no pregunta por indicaciones en la calle y prefiere perderse un largo rato tratando de entender su mapa digital. ¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo se reproduce una estrella de mar? Probablemente no, porque pasamos nuestro tiempo libre viendo stories y selfies de nuestros amigos. ¿Nos hemos tomado al menos 5 minutos de nuestro para descifrar cómo arreglar el freno de una bicicleta? Lo dudo, ya que la respuesta instantánea está disponible en YouTube. «Ligar» con alguien ya ni siquiera se trata de sacar a bailar a una chica en un bar, sino de incontables citas fallidas que fueron arregladas por un algoritmo y supuestos intereses mutuos entre dos perfiles que ya ni siquiera sabes si son personas reales. Observar el mundo y asombrarse de él es una actividad que hemos olvidado porque ya ni siquiera sabemos pasar el tiempo mientras esperamos en una fila, y preferimos hipnotizarnos con las pantallas de nuestros celulares.

LA CONVIVENCIA EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN EN NUESTROS DÍAS

No quiero satanizar a la tecnología, ni que todos andemos por ahí con puros teléfonos Nokia 1100 , pues entiendo que el estilo de vida actual demanda el uso de medios más avanzados. Me encanta preguntarme cómo se construyó el canal de Panamá y poder responderlo en una rápida búsqueda en internet, e incluso poder ver todo un documental sobre el tema; adoro compartir fotos y experiencias de mis viajes con aquellos que no cuentan con las mismas circunstancias y fortuna que la mía a través de FB, me alucina ver cómo el mundo se ha hecho un pañuelo gracias al montón de aplicaciones que se han desarrollado, y gracias a eso sigo en contacto con amigos de todo el mundo y veo en una videollamada a mi familia en segundos, a pesar de los miles de kilómetros de distancia.

El internet no es malo – al contrario – es maravilloso, pero así como nos ha acercado a muchas oportunidades, nos puede alejar de las cosas esenciales de la vida. Aquello que llamamos redes sociales, irónicamente tambien nos ha venido a alejar de los que nos rodean dentro de una habitación. He visto a niños que todavía ni van a la escuela jugando con teléfonos en mano, y no puedo imaginar cómo van a lograr hacer amigos en el kínder si ni siquiera saben jugar con otros chiquillos.

Me gustaría invitarnos a todos a lo siguiente:

– Si estás perdido en algún lugar, date la oportunidad de preguntarle al de la tiendita lo que necesitas, o sigue tu propio instinto; no siempre Google Maps tiene todas las respuestas correctas.


– Si tu sobrinito está aburrido y un poco necio, no le des el teléfono para que vea caricaturas; a veces es mejor dedicarle 5 minutos para darle un dibujo para colorear y estará divertido por mucho más tiempo.


– Si en la sobremesa no hay mucha plática con tu familia, no saques tu Instagram para ver fotos bonitas de gente que probablemente ni conoces; mejor organicen un juego de mesa o pregúntense qué animal serían si fueran parte de este reino.


– Si te quedaste sin pila en la fila del banco, no te lamentes; aprovecha ese tiempo para observar a la gente, sus movimientos, sus expresiones, inventa historias divertidas sobre ellos y ríete de ellas.

Abre los ojos. Despierta.

El mundo está frente a ti allá afuera, no en los miles de megapixeles que yacen sobre las palmas de tus manos. Las cosas más mágicas de la vida están al alcance de un sólo click en tu pantalla: APAGAR DISPOSITIVO.

K.

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